Una radio suena lejana, dos calles al sur. Un coche entra a 120, se apaga arriba una luz. Lentamente el sueño se aleja de la ciudad pero en mi corazón solo hay una duda una vez mas y todo sigue igual que dos años atrás
Dos años atrás (Los Elegantes)
En esta gran ciudad todo trascurre deprisa, sin tiempo para pensar en ello. Uno amanece corriendo después de dormir a toda prisa, para ducharse mientras silba el éxito de la temporada durante los dos minutos o tres minutos que dura (la ducha y el éxito de temporada). Engulle un cruasán empujado de un trago, garganta abajo, por un café con leche demasiado caliente mientras lee los titulares de prensa, nunca el artículo, de un periódico que mañana ya no servirá. Coge el transporte público a toda prisa y llega al trabajo.
Sabedor de este ritmo frenético, de esta imposibilidad de detenerse a ver pasar el tiempo y a conversar de banalidades con el conciudadano, ha ingeniado un aparato para paliar esta deficiencia: el ascensor. Sabe de las ventajas de subir a pie las escaleras, pero las sacrifica en pro del ascensor y lo toma para poder conversar banalmente con su compañero de trayecto sobre, por ejemplo, el tiempo. Hace frío hoy. Sí, mucho… Este tiempo está loco, si el tiempo.
6.4.09
Una gran ciudad
Me siento como la aguja de un reloj, que da una vuelta completa hasta llegar al final que en realidad vuelve a ser un origen, y vuelve a empezar. Como Sísifo, que carga una roca montaña arriba para que, al llegar al final, ruede montaña abajo para volver a empezar.
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pasajes
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