25.3.09

Mi televisor


Llevo un tiempo pensando que tú, que yo, que los dos íbamos tirando. Se acabó el pensar... Las cosas que no tiran. Se las lleva el viento.
Archivo de Palabras Tristes (Pastora)


Llego a casa, está vacía.
La tarde se presenta aburrida, nada que hacer. Me tiro en el sofá, mi cabeza se desploma y mis ojos van directos, como poseídos, al televisor, que está apagado aún.
Observo la oscura lámina de cristal en la que me reflejo, me veo sentado, observándome, pensando si encender esa caja que me lanza realidades que no quiero ver, actualidades que ya sé de memoria, ficciones basadas en ficciones; todo un mundo de mentiras bien vendidas, vendidas ya de antemano, revendidas y servidas en platos de diferentes formatos y colores, sabiendo que aceptamos porque no hay otra cosa.
Internet es demasiado y a la radio... le falta algo.


Vivimos, somos, existimos, conocemos, y nos emocionamos gracias a la televisión. El mando me tiembla en la mano, mi dedo se aproxima al botón de encendido; me veo reflejado apuntando al aparato, tan sumiso, otra vez vuelvo a caer.
Esta vez no!
Afrontaré y venceré la tentación. Hay montones de cosas en las que pensar...
Me levanto, echo una meada y me rasco la cabeza.
Se acabó el pensar.
Ahí está ante mí, mirándome, desafiándome... me rindo.
De acuerdo, me rindo.
En un acto reflejo me hago con el mando y pulso el botón rojo, el de darle vida. No se enciende! Estará desenchufada. No. No está desenchufada! Comienzan los sudores fríos mientras compruebo que el euroconector está bien "euroconectado". No funciona. Nada. La golpeo y no reacciona. Me siento, y la observo... siempre tiene que salir ganando. Al menos ya tengo algo que hacer esta tarde, buscar un televisor nuevo.
Cogeré una chaqueta, hace frío...