Did I dream, you dreamed about me? Where you here when I was flotsam? Now my foolish boat is leaning. Broken lovelorn on your rocks
Song to the siren (Cocteau Twins)
Recuerdo todavía con cierta nostalgia esos domingos por la tarde en los que volvíamos a casa en el coche de mi padre, en esa época en que los aires acondicionados eran privilegio exclusivo de sucursales bancarias, hoteles caros y oficinas de fachada acristalada, e inimaginables en un utilitario de fabricación nacional. Es imposible olvidar esos kilométricos atascos en la autovía, ora un accidente, ora un control policial, con las ventanillas bajadas y el coche caldeado sobre el asfalto humeante en los calurosos atardeceres de finales de primavera, cuando las playas empiezan a poblarse con los primeros homo gambrinus y radiocasetes (otramente llamados loros) a todo volumen lolailolailo, mientras los niños nos dedicábamos a corretear entre las toallas con la aviesa intención de sepultarlas bajo la arena junto con su propietario. Esos pacientes regresos tenían un denominador común, ya no domingo tras domingo, sino coche tras coche, en todos y cada uno de ellos avanzando a velocidad de procesión rociera, se escuchaba el “Carruseeeeeeel deeep’portivooooo” para satisfacción y mayor gloria de nuestras madres.
En este mítico programa radiofónico tardedominguero ibérico, además de anunciarnos el gol de Quini en Las Gaunas o el de Zatrústegui en el Benito Villamarín al frenético ritmo de una cuña en Morse, tenía en su haber un extenso catálogo publicitario que, ya desde mi infancia, me hizo saber que el brandy Soberano era cosa de hombres, que lo mejor era tomarlo fumando un purito Reig, y que para arrollar entre las féminas, lo mejor era la colonia Brummel, o la Varón Dandy si uno se pirraba por la tradición. De forma indirecta, se convirtió en una escuela de hombres masculinos, varoniles y muy machos con mucho pelo en pecho. ¡Como debe ser! Pero las cosas han ido cambiando; con el tiempo y la globalización llegó a esta Iberia nuestra, tierra de bravos machotes, esa indefinición bautizada como metrosexual y todo comenzó a torcerse. Hasta hoy, que el último bastión que fue nuestro querido "Carrusel Deportivo" ha empezado a anunciar cremas antiarrugas para hombres, provocando así el fin de una era y de una especie que siempre supo que el hombre no tenía necesitad de estar guapo, que le bastaba con ser hombre.







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